Mexican Bestiary: Sneak Peek #1

Here is a sample from our upcoming bilingual title Mexican Bestiary | Bestiario mexicano.

La criatura de la laguna el Jabalí

The Creature from Jabali Lagoon

In the state of Colima, near the town of Comala, the rivers that flow from the nearby volcanoes and mountains have formed beautiful, mysterious lagoons like El Calabozo and El Jabalí.  From ancient times, weird tales have been passed down about the supernatural occurrences near these bodies of water, from balls of fire, to disembodied voices and flying witches.  One of the strangest and most moving of these stories is that of the creature of Jabalí Lagoon.

Generations ago, while people were enjoying a beautiful spring day by the water’s edge, a strong wind began to blow across the surface of the lake, sending unusual waves splashing against picnickers and bathers.  The center of the lagoon began to bubble and seethe, and to everyone’s surprise a strange creature emerged from the depths.  It looked like a young man, but with the gills and fins of a fish.  Its skin glistened in the spring sunlight. Its eyes looked upon the astonished humans with a mix of kindness and confusion.  As it glanced all around, it was clear to the people of Comala that it meant them no harm. It had gotten lost, somehow. It had no idea where it was.

Though most fled the lagoon frightened, vowing never to return, some townspeople remained, trying to reassure the strange, scaly being. Over the next few weeks, many of them returned to visit with it. The oldest women, who still spoke the ancient tongues, claimed the creature was a tlacamichin, a fish-man as described by antediluvian sources.  They managed to communicate in a limited way with the stranger, and they learned of his deep sadness.  He had lost his people ages ago, and in his endless searching he had forgotten his own name.

The children, learning of this, christened him Jabalí. A few, their parents convinced of Jabalí’s goodness, were allowed to splash around the shallows not far from him.  Their new friend taught them different ways to swim, how to catapult their bodies from the deep green into the froth-speckled air.  He became, as the weeks stretched into months, a deeply connected part of that community.

Finally, however, the autumn wind rose, moaning across the water. Jabalí began to spend hours standing still under overhanging branches, listening. The wise women swore they could make out whispering, burbled voices in the wind speaking a language no human knew. And one day, as suddenly as he had appeared, Jabalí was gone.

The young ones, saddened, grew up into men and women, and they told this tale to their children and their children’s children. And every spring boys and girls slip secretly to the lagoon to peer into its depths, hoping to see the creature.

Many swear his face stares back up at them from the depths.


La criatura de la laguna el Jabalí

En el estado de Colima, cerca de la ciudad de Comala, los ríos que fluyen de los volcanes y montañas cercanos han formado lagunas hermosas y misteriosas como la de El Calabozo y El Jabalí. Desde los tiempos antiguos, cuentos extraños se han transmitido sobre los acontecimientos sobrenaturales cerca de estos cuerpos de agua: bolas de fuego, voces incorpóreas y brujas que vuelan.  Una de las más extrañas y más conmovedoras historias es la de la criatura de la Laguna el Jabalí.

Generaciones atrás, mientras la gente estaba disfrutando de un hermoso día de primavera por la orilla del agua, un fuerte viento comenzó a soplar a través de la superficie del lago, enviando olas inusuales que salpicaban a los excursionistas y bañistas.  El centro de la laguna comenzó a burbujear y bullir, y para sorpresa de todos, una extraña criatura surgió de las profundidades.  Se veía como un hombre joven, pero con las branquias y aletas de un pez.  Su piel brillaba bajo el sol primaveral. Miraba atónito a los seres humanos con ojos llenos de una mezcla de bondad y de confusión.  Pasaba la vista por su entorno, curioso. Era obvio para el pueblo de Comala que no les haría ningún daño. Se había perdido, de alguna manera. No tenía idea de dónde estaba.

Aunque la mayoría huyó de miedo y prometió no volver jamás, algunas personas se quedaron, tratando de tranquilizar al extraño ser escamoso. Durante las próximas semanas, muchos volvieron a visitarlo. Las ancianas, que aún hablaban las lenguas antiguas, afirmaban que la criatura era un tlacamichin, un hombre-pez de los que describen las fuentes antediluvianas. Se las arreglaron para comunicarse de una manera limitada con el extraño, y se enteraron de su profunda tristeza.  Había perdido a su pueblo hace siglos, y en su búsqueda interminable había olvidado su propio nombre.

Los niños, al enterarse, lo bautizaron Jabalí. Unos pocos, cuyos padres se convencieron de la bondad de Jabalí, se permitieron chapotear en las aguas poco profundas, no lejos de él. Su nuevo amigo les enseñó maneras distintas de nadar y como catapultar sus cuerpos desde el verde intenso al aire salpicado de espuma.  Se convirtió, a medida que las semanas se hacían meses, en una parte profundamente conectada de esa comunidad.

Finalmente, sin embargo, se levantó el viento de otoño, gimiendo a lo largo del agua.  Jabalí empezó a pasar horas quieto, de pie bajo las ramas colgantes, escuchando. Las mujeres sabias juraban que podían distinguir voces que borboteaban y susurraban en el viento, hablando un idioma que ningún humano sabía. Y un día, tan repentinamente como había aparecido, Jabalí yo no estaba.

Los niños, tristes, se volvieron hombres y mujeres, y les contaron esta historia a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Y cada primavera los niños y las niñas es escapan, dirigiéndose en secreto a la laguna para asomarse a las profundidades, con la esperanza de ver a la criatura.

Muchos juran que su rostro les devuelve la mirada desde lo profundo.

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